Hablamos con Stefano sobre su viaje personal a través de la música.
Tu música tiene una identidad muy marcada. ¿Sentís que esa identidad nació más de la necesidad de expresarte o de la búsqueda de diferenciarte dentro de la escena?
Creo que toda identidad real nace de una necesidad. En mi caso, la música fue y sigue siendo una forma de experimentar cosas que no encontraba cómo expresar en otros medios. Cuando vives procesos personales intensos migrar, recomenzar, adaptarte a nuevas culturas, eso termina impregnando todo lo que haces. Mi sonido se formó en esa mezcla entre la raíz y la búsqueda, entre lo que dejé atrás y lo que todavía estoy descubriendo.
Viviste en distintos países y escenas. ¿Qué te enseñó cada una sobre cómo se vive y se siente la música electrónica?
Cada ciudad fue una etapa distinta en mi forma de entender la música.
En Venezuela aprendí el valor de la energía pura, de la espontaneidad. Allí la música electrónica se vive como una necesidad vital, casi como un acto de resistencia.
En Buenos Aires, la escena me mostró la profundidad, la historia, la conexión emocional que puede tener un set y entender que la pista también puede ser un espacio narrativo, no solo de euforia.
Y en Barcelona, encontré la posibilidad de conectar todo eso: la raíz latinoamericana con la estructura europea. Ahí la escena se siente más abierta, más permeable a la experimentación y a la colaboración. Es un punto de equilibrio entre la técnica y la emoción.
En el estudio, cuando algo "funciona", ¿lo reconocés por una sensación interna o por una reacción más técnica?
Lo reconozco por una sensación interna, siempre. Hay un momento en el que todo encaja y el cuerpo lo sabe antes que la cabeza. Esa intuición es la brújula principal.
Si el track no me mueve algo emocionalmente, no importa lo bien producido que esté, no tiene sentido conservarlo. Prefiero una imperfección con alma que una perfección vacía.
En tus sets se percibe una narrativa, una especie de tensión y liberación. ¿Cómo pensás esa historia cuando mezclás?
Para mí un set no es una demostración de técnica, sino un relato emocional. Me interesa crear una curva que invite a entrar, que sostenga una tensión y que libere en el momento justo.
Trabajo mucho con el concepto de atmósfera: no sólo el sonido, sino el tiempo, la energía y el silencio. Me gusta jugar con lo que no se escucha tanto como con lo que se escucha.
Si pudieras condensar tu visión artística en una frase, algo que defina lo que buscás generar en quien te escucha, ¿cuál sería?
Busco generar presencia. Que la persona que escucha, aunque sea por unos minutos, se sienta completamente ahí: sin pasado ni futuro, solo energía compartida.
Mi música no intenta distraer, sino conectar. Si logro que alguien se sienta acompañado, comprendido o simplemente más libre a través de un sonido, entonces todo lo demás las horas en el estudio, las giras, el esfuerzo cobra sentido.



